jueves, 6 de marzo de 2008

Crisis regional tras ataque colombiano a las FARC en Ecuador

Simone Bruno
desde Bogotá

Eduardo Tamayo G.
desde Quito

ALAI AMLATINA, 03/03/2008.- La incursión de militares colombianos en
territorio ecuatoriano el pasado sábado uno de marzo, en la que se
eliminó a Raúl Reyes, el segundo hombre más importante de las FARC
(Fuerzas Armadas Revolucionaria de Colombia), y a otros 17 guerrilleros,
desencadenó una aguda crisis regional que se agrava con la decisión del
Ecuador de romper relaciones con Colombia y con la petición del ministro
ecuatoriano de Defensa, Wellington Sandoval, de solicitar la anulación
de la Comisión Binacional de Frontera (Combifron), organismo de
coordinación militar entre los dos países, en “vista de que ha habido
una ruptura unilateral de los convenios”.

La eliminación física de Raúl Reyes, es una de las victorias militares
más significativas del Estado colombiano sobre el grupo guerrillero,
pero, al mismo tiempo, se ha transformado en una de las mayores crisis
de la región, probablemente desde la división de la Gran Colombia en 1830.

Sobre las circunstancias en las que murió Reyes, Quito y Bogotá tienen
versiones opuestas.

Para el gobierno colombiano se trató de un enfrentamiento entre la
guerrilla y fuerzas conjuntas del ejército y la policía colombianos que
se habrían defendido de un ataque proveniente desde territorio
ecuatoriano. Helicópteros del ejército respondieron al fuego desde el
espacio aéreo colombiano y, haciendo uso del “principio de autodefensa”,
ingresaron a territorio ecuatoriano y recuperaron dos cadáveres, según
la versión oficial colombiana.

Según el presidente Correa, en cambio, se trató de una masacre planeada
con antelación, se violó el espacio aéreo ecuatoriano, como demuestra un
análisis balístico según el cual el campamento provisional de las FARC,
ubicado en territorio ecuatoriano a dos kilómetros de la frontera con
Colombia, fue bombardeado desde sur hacia el norte.

Una misión militar encabezada por Gustavo Larrea, ministro coordinador
de seguridad externa e interna del Ecuador y por Wellington Sandoval,
ministro de Defensa, concurrió el domingo 2 de marzo al teatro de
operaciones ubicado en la provincia de Sucumbíos, región selvática del
nor-oriente ecuatoriano. Tras conocer sus informes, el Presidente Correa
señaló: “el Ecuador sufrió un planificado ataque aéreo y una posterior
incursión de tropas colombianas, con plena conciencia de que estaban
violando nuestra soberanía. El ataque aéreo y terrestre deja 20 miembros
de las FARC fallecidos en nuestro territorio, casi todos en ropa de
dormir, lo que descarta cualquier versión en el sentido de que fue una
persecución "en caliente" y en legítima defensa, contrariando la versión
oficial colombiana. Fue una masacre. Los aviones colombianos ingresaron
al menos 10 Km. en nuestro territorio para realizar el ataque desde el
sur. Luego llegaron tropas transportadas en helicópteros que culminaron
la matanza. Incluso se hallaron cadáveres con tiros en la espalda”.
Este “asesinado selectivo”, enmarcado en el “modelo israelí”, ha
generado un estado de preocupación y una reacción de rechazo casi
unánime en toda América Latina.

El presidente venezolano Hugo Chávez, durante su programa dominical Aló
Presidente, ordenó el cierre de la embajada en Bogotá y el despliegue de
10 batallones, con un total de 8000 militares en la frontera con
Colombia, declarando que una acción parecida en territorio venezolano
sería causa de guerra. La reacción de Chávez sería una respuesta a
importantes desplazamientos de unidades militares colombianas hacia la
frontera con Venezuela”, como por ejemplo el batallón Cartagena, ubicado
en la Guajira, que se moviliza con tanques y cañones en grandes
contenedores”, según una denuncia del ex vicepresidente venezolano José
Vicente Rangel.

El presidente Correa también dispuso el regreso del embajador
ecuatoriano en Bogotá, Francisco Suescum, y ordenó la expulsión del
embajador colombiano, Carlos Holguín, disponiendo, además el envío de
3200 militares a la frontera.

Desde Chile, la presidenta Michel Bachelet expresó su desacuerdo frente
a la incursión colombiana a Ecuador y lamentó que Ecuador se haya
sentido agredido. “Las fronteras y los límites de los países están
basados en muchos acuerdos internacionales” y no se puede traspasar las
fronteras por motivos legítimos o ilegítimos, señaló.

La presidenta Cristina de Kirchner de Argentina se mostró preocupada y
apoyó las acusaciones de Venezuela, también se declaró consternada
frente a la violación del territorio ecuatoriano y anunció su respaldo a
Ecuador hasta las últimas consecuencias.

El rechazo latinoamericano no es solo contra un acto de invasión y
barbarie, sino contra toda una estrategia guerrerista del Estado
colombiano que se define solo en función de su enemigo interno y de la
lucha armada contra éste.

Lo que se está verificando es el ejercicio de una fuerte presión, sin
precedentes, sobre el gobierno y las clases dominantes colombianas, para
que se encuentre una solución negociada al conflicto. Se apuesta,
probablemente, a una ruptura interna y a apoyar a los sectores afines a
una solución negociada. El mensaje es que no se va a permitir la
regionalización del conflicto colombiano y la creación de un “Israel” en
la región Andina con facultades de golpear sus enemigos aun en
territorios extranjeros. Paradójicamente, la muerte de Reyes,
indudablemente una derrota militar de las FARC, se está transformando en
una victoria política para el grupo guerrillero, dado el desgaste y el
aislamiento de la política de Bogotá y el surgimiento de un grupo de
países que podría llevar a una negociación internacional del conflicto
colombiano. Este último tiene ya agotados y cansados a los países
vecinos, que han visto penetrar a los distintos actores armados a sus
territorios y han debido acoger a desplazados y refugiados que solo en
Ecuador ya suman más de 300.000.

La respuesta de Bogotá ha sido un ataque frontal a Ecuador. El general
de la policía Oscar Naranjo, ex jefe antidroga, obligado a renunciar por
la detención de su hermano en Alemania por narcotráfico, en una rueda de
prensa ha mostrado dos documentos, “primeros de una serie” encontrados
supuestamente en la computadora de Raúl Reyes. En estos documentos se
evidencia supuestamente la existencia de una relación entre Reyes y el
gobierno de Quito, y en particular con el ministro Gustavo Larrea,
cuestión que fue calificada como falsa y como una patraña por las
autoridades ecuatorianas.

Cabe indicar que el operativo de Colombia ha sido apoyado decididamente
por Washington. Tom Casey, vocero del departamento de Estado, mostró su
respaldo a la acción militar del gobierno de Alvaro Uribe emprendida
contra las FARC en territorio ecuatoriano a la vez que llamó a la
“mesura” a los gobiernos de Venezuela, Colombia y Ecuador para enfrentar
el “incidente diplomático”. Estados Unidos, según varias versiones,
habría proporcionado información de inteligencia que permitió a los
militares colombianos ubicar la posición de Raúl Reyes y ultimarlo.

Raúl Reyes

La muerte del comandante guerrillero es indudablemente un golpe muy duro
para las FARC, demuestra que el Secretariado ya no es intocable y obliga
al grupo guerrillero a un proceso de reorganización interna, para
absorber el golpe, y probablemente a rediseñar sus estrategias políticas
y militares. Más aún, teniendo en cuenta que la muerte de Reyes llega
después de una escalada de acciones militares y de inteligencia del
gobierno Uribe que han golpeado a la organización como nunca en sus casi
50 años de historia. La muerte del Negro Acacio del Bloque Oriental, la
de “alias JJ” y de Martín Caballero, la captura de Simón Trinidad, Sonia
y Rodrigo Granda, entre otros, ha venido demostrando una creciente
escalada militar y de inteligencia. Esto se reafirma también con la
interceptación de las pruebas de sobrevivencia de los secuestrados en
Bogotá y con los hechos que llevaron a encontrar al pequeño Manuel, hijo
de la secuestrada por las FARC, Clara Rojas, en Bienestar Familiar.

Todo esto parece haber llevado al jefe máximo del grupo guerrillero,
Manuel Marulanda, alias Tirofijo, a retomar las antiguas tácticas, es
decir, una gran movilidad en el territorio, una reducción de los
efectivos, debido al gran numero de deserciones, sobre todo de jóvenes
reclutados indiscriminadamente en los años de la negociaciones del
Caguán, que habían llevado al grupo guerrillero a dimensiones no
manejables y controlables. Otro cambio es que las FARC volverían emplear
los correos humanos para las comunicaciones, debido a la superioridad de
la inteligencia militar, apoyada por los EE.UU., que ya tiene
interceptadas todas las telecomunicaciones. Los frentes guerrilleros
también han disminuido la actividad militar y parecen haber vuelto al
trabajo de masas, del cual se habían alejado en los años precedentes.

La muerte de Reyes, considerado el Canciller de las FARC, encargado de
las negociaciones políticas, podría llevar el grupo guerrillero a un
reorganización interna en el sentido guerrerista. De la misma forma que
del Gobierno sale reforzado el grupo de extrema derecha encabezado por
el ministro de defensa, Manuel Santos, que empuja hacia una solución
armada del conflicto, esto, obviamente, le lleva a alejarse de
cualquiera solución negociada.

Trampa y mentiras

El homicidio de Reyes se da solo tres días después de la liberación
unilateral, por parte de las FARC, de 4 ex congresistas que estaban en
sus manos desde hace más que 6 años. En aquella ocasión, el ministro
Santos salió al aire a declarar que “Con la liberación de estos cuatro
secuestrados se demuestra que no es necesaria una zona de despeje”, es
decir que, según él, las condiciones de seguridad son tales que la
guerrilla, si quiere, puede liberar a los rehenes sin que se despeje una
parte del territorio nacional, que es una de las demandas inamovibles de
las FARC.

El mismo ministro el día 21, mientras los 4 rehenes iban camino a la
libertad, hizo otra declaración a los medios en la cual anunciaba que el
ejército estaba muy cerca y tenía ubicado a los 4 rehenes. El noticiero
“Canal 1” ha revelado que esta última declaración no era sino una trampa
para que Raúl Reyes prendiera su teléfono satelital, cosa que permitió a
la inteligencia militar ubicarlo para después matarlo.

Es decir que el ministro demostró que si se necesita un área de
despliegue, porque justo, aprovechando de la liberación unilateral de
los rehenes, mataron a Raúl Reyes. Además el ministro mintió y utilizó
este gesto unilateral para finalidades militares. Esta es una actitud
endémica en los gobiernos colombianos que históricamente aprovechan de
cualquiera apertura de los grupos guerrilleros para golpearlos.

La sociedad colombiana

Estos hechos se verifican en un momento particular que está viviendo la
sociedad colombiana. El pasado 4 de febrero se realizó una
multitudinaria manifestación de rechazo a la violencia y a los actores
armados, especialmente a las FARC, esto se inscribe en un proceso de
concienciación de la población que otra vez la llevará a la calle el día
6 de marzo en otra marcha, que también se preanuncia multitudinaria, en
contra de la violencia y a favor de las víctimas. Además, en un acto sin
precedentes, el día de ayer , por iniciativa del ex alcalde de Bogotá
Antanas Mokus, una serie de personalidad organizaron, en la Plaza
Bolívar
, una lectura de testimonios de las víctimas del estado y de los
actores armados, para concienciar a los habitantes de la ciudad de lo
que significa el conflicto colombiano. Un acto casi catártico que ha
generado lágrimas en los ciudadanos que escuchaban, así como en los que
leían los recuentos.

La mayoría de la población ha recibido, entonces, el asesinato de Reyes
como un golpe a las posibilidades de paz y negociación que veían
acercándose, así como un acto de violencia que generará más violencia,
se siente violenta en un momento en el cual las aspiraciones de paz son
más fuertes. La esperanza del 4 de febrero ahora desemboca nuevamente en
una espiral de violencia. Existe también un sentimiento de rechazo a la
actitud necrófila del ministro Santos y de la cúpula militar quienes,
con gestos de complacencia, anunciaron, en rueda de prensa, la muerte de
Reyes y de 17 guerrilleros más. El general Padilla de León se expresó
así: “Reyes murió como lo que era: un terrorista!”

Actitud opuesta a la del presidente Correa que, informado por el
presidente Uribe en directo el sábado primero de marzo, reaccionó con
estas palabras: “acaba de informarme el presidente Uribe que un soldado
colombiano y 17 guerrilleros han muerto. Solidaridad al pueblo
colombiano, porque la pérdida de vidas siempre es un dolor para todas
las sociedades civilizadas”.

- Simone Bruno es periodista italiano.
- Eduardo Tamayo G. es periodista ecuatoriano.


Más información: http://alainet.org

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